sábado, 6 de marzo de 2010

Otro terremoto: la lección de 1971‏

En estos momentos han surgido voces de muchas personas proponiendo qué hacer, según las circunstancias, y literalmente, “se tiran los pelos” por las decisiones que se han tomado (algunas con la consecuencia de cientos de damnificados y muertos, como fue la de no avisar a tiempo del Tsunami). Me han llegado correos proponiendo solidaridad, terminar con el individualismo; que se decreten medidas de buen sentido repecto a los cobros de marzo, en fin… Pero siento que a mis compatriotas se les olvida que nos gobierna el sistema de mercado. Y bien sabemos que este sistema no perdona. Todo se resuelve desde la perspectiva de clase. La ayuda no utiliza redes sociales para ser distribuida porque NO LAS CONOCE; este gobierno no tiene consigo ni cuenta con la gran masa de trabajadores.Creo que es el momento de traer a colación una experiencia de nuestra historia frente a un terremoto que, por primera vez fue enfrentado por el pueblo y sus autoridades.El terremoto del 8 de Julio de 1971 (23:04 hrs ), un terremoto de magnitud 7,75 en escala de Richter sacudió la zona central de Chile.Las ciudades más afectadas fueron Illapel, Los Vilos, Salamanca, Combarbalá y La Ligua, aunque fue percibido entre Antofagasta y Valdivia.A tres días de la catástrofe, el presidente Allende pronunciaba un discurso en Rancagua, el 11 de Julio, con motivo de la nacionalización de la gran minería del cobre y hacía un detallado balance:“En este día, que debía haber sido de plena alegría, el pesar y la congoja viven sus horas largas en los hogares de miles y miles de chilenos, con 82 muertos, 182 lesionados graves, 80 menos graves y 185 lesionados leves, que son el reguero de pesar que deja el sismo. Sin embargo, hay algo más. Y hay algo más que, por cierto, no puede compararse con las vidas de personas y los hombres y mujeres que podrán quedar inválidos Y que tendrán, muchos de ellos, aunque heridos no muy graves, largos días para poder reincorporarse a sus hogares y a la producción; estas provincias han sido azotadas en el campo, en la industria, en los servicios públicos fundamentales. En el caso, por ejemplo, de Valparaíso, las industrias textiles fundamentales, y un número crecido de industrias pequeñas y medianas, no podrán seguir trabajando de inmediato. Ello significa amenaza de cesantía e inquietud para muchos hogares.“De la misma manera, ocurre en el departamento de Petorca y en Illapel. También hemos sufrido seriamente daños en la planta de ENAMI en Las Ventanas, en el puerto de San Antonio y en la ENAP de Concón. En cuanto a los servicios públicos, el daño es muy crecido en los hospitales. Diecinueve de ellos están inservibles, fundamentalmente los de Combarbalá, Illapel, Melipilla y Casablanca. Un somero estudio significa que debemos invertir más de nueve millones de escudos para reparar los hospitales y los consultorios. También hay que señalar la destrucción de un número crecido de oficinas públicas y no menos de cuarenta comisarías y retenes de Carabineros. Quiero señalar la magnitud del sismo diciéndoles a ustedes que en la provincia de Coquimbo el 30% de las viviendas están dañadas. En Aconcagua, el 40%, en el departamento de Petorca. En Santiago, el 4%; en Valparaíso y Viña, el 32%. Un dato más preciso nos hace ver que en Illapel hay 718 casas que no pueden ser habitadas y 298 semidestruidas. Es por eso que este día, que es el día de la dignidad, tiene que ser el día de la solidaridad, y aquellas provincias y aquellos hombres y mujeres de Chile que fueron azotados por el viento, por la lluvia y por la nieve, tendrán que tener coraje como el resto de nuestros compañeros, como el resto de los ciudadanos, para levantarse y estar junto a las provincias azotadas por el terremoto. Así, Chile demostrará su entereza y la voluntad del pueblo.” Disculpen que me haya extendido con la cita, pero era importante: para señalar que el Presidente tenía, a tres días de la tragedia, un balance completo de los daños y las tareas por hacer. Y no por un grupo de iluminados. Tenía una gran red nacional y social. Las redes de apoyo funcionaron al segundo. (Sin internet, sin celulares, con escasos telefonos fijos, menor cantidad de vehiculos, etc). Pero quiero ir mas allá: los propios trabajadores, luego de sus jornadas, iban a realizar trabajo voluntario.Porque el pais .-que éramos todos- se sentia incluido, incorporado, participando en la reconstruccion como algo propio. Por mi parte, como estudiante de primer año de arquitectura en la universidad, me avisaron que habia que ir a clases, y al llegar me encontré el patio lleno de compañeros, de cursos más avanzados, construyendo mediaguas en el patio. Ellos tenian una meta que cumplir en una semana. Los profesores nos organizaron en grupos y, supervisados por los ayudantes, fuimos a evaluar los daños de las edificaciones de la zona norte de Santiago, (entre Independencia y Vivaceta me toco a mí). Con plazo fijo. Con informe y plano.Con nota también. Así estuvimos trabajando varias semanas. Porque eramos un recurso. Se llenaron los muros de las ciudades de pinturas y afiches alegres alusivos a esta reconstrucción. Es que era el gobierno de todos. A todos nos afectaba. Todos eramos importantes. Y entre todos salimos adelante. Antes de 18 hrs. ya habia hospitales de campaña funcionando. La red de solidaridad funcionaba sola, sin necesidad de grandes discursos ni “retos”, con escasos medios económicos. En pocos meses se salió de la emergencia, pero no fue obra del gobierno de “alguien”: fue obra de todos nosotros.A cuatro días del actual terremoto, sólo unos cuántos conocen las verdaderas cifras de afectados, la canalización de la ayuda; el catastro del daño a las infraestructuras y viviendas, en fin. A la salida del gobierno concertacionista, es difícil esconder el drama que no quería mostrarse: la pobreza encubierta en que vive la mayor parte de nuestra población en regiones. El desprecio con que las inmobiliarias construyen en Comunas que no son de la burguesía. La desregulación de todo (incluida norma antisísmica, bases de concesiones viales, etc.) para que nada impida la circulación del capital.A la soberbia de los primeros momentos :”tenemos los recursos”, tal como me dijo un amigo: “el afán era mostrar que este país del primer mundo que han construido, era capaz de resistir”, ha seguido necesariamente la ineptitud, la descoordinación, el pecho hinchado pronunciando discursos de clase, sin miramientos hacia la gran multitud que espera se le resuelvan de verdad los cinco aspectos básicos de sobrevivencia indicados por la OMS: agua, alimentos, luz, techo y abrigo.Lo que más ha preocupado a los gobernantes concertacion-alianza y que ha sido aplaudido por los medios de comunicación (para que toda la población lo repita como loro) es “la seguridad y el orden”, que se traduce en volver a ver a los militares dueños de las calles y con toque de queda. Eso es lo que mejor saben hacer. El pueblo sólo es mencionado para ser calificado de vándalos, hordas de asaltantes, ladrones de la sagrada propiedad privada. Bien bonito el paisito que nos deja esta cofradía!Concluyo citando a mi amigo: “No queda otra solución que pensarnos a nosotros mismos como sujetos sociales. Capaces de encabezar nuestras soluciones en cada momento, incluidos los fenómenos de la naturaleza.” Y agrego: y recordar la historia.

M. Eugenia Santis D. / 02 marzo 2010 / San Miguel

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